- Durante las vacaciones de invierno, el tener espacios sin actividades programadas estimula la creatividad, la autonomía y el bienestar emocional.
Con la llegada de las vacaciones de invierno, muchas familias buscan mantener a los niños ocupados en talleres, paseos y actividades. Sin embargo, el exceso de planificación podría restar tiempo al descanso y la imaginación.
“Cuando los niños están sobrecargados de planes, pierden la capacidad de conectar con lo que sienten y de inventar por cuenta propia. Incluso el aburrimiento tiene beneficios importantes si se vive con acompañamiento y sin culpa”, explica Susana Saravia, psicóloga infanto-juvenil de Clínica Universidad de los Andes.
Según la especialista, el aburrimiento actúa como una pausa reparadora en medio de la rutina sobreestimulada que viven los niños. “Les da espacio para crear, imaginar, explorar y autorregularse. A veces las mejores ideas surgen justamente cuando no hay nada que hacer”, agrega.
Recomendaciones para un descanso con sentido
- No llenar cada hora del día: los tiempos sin actividad promueven independencia emocional y reducen el estrés.
- Fomentar el juego libre: ofrecer materiales simples en lugar de entretenciones estructuradas o pantallas.
- Permitir la quietud: el descanso también enseña; los momentos de calma ayudan a procesar emociones y pensamientos.
- Acompañar sin intervenir: los adultos deben observar más y dirigir menos. “La creatividad aparece cuando el niño tiene libertad y seguridad”, enfatiza Saravia.
Por qué el aburrimiento también es aprendizaje
- Estimula la creatividad: frente a la falta de estímulos externos, los niños inventan juegos, historias y nuevas formas de divertirse.
- Refuerza la autonomía: aprenden a decidir qué hacer con su tiempo y a manejar la frustración.
- Favorece la regulación emocional: los periodos de calma permiten recuperar energía mental y disminuir la ansiedad.
- Mejora la convivencia familiar: menos presión por “hacer cosas” reduce conflictos y fomenta vínculos más relajados.
La idea no es eliminar las actividades, sino devolverles sentido. Las vacaciones no deberían ser una agenda paralela al colegio, sino un espacio donde los niños puedan encontrarse consigo mismos. Asimismo, la psicóloga infanto juvenil comenta que, “como adultos, muchas veces nos incomoda verlos aburridos, pero ese tiempo de calma es esencial: ahí es donde aprenden a mirar hacia adentro, a imaginar y a disfrutar del silencio”:
También, es muy positivo reforzar cada conducta de autonomía que tengan los niños, en medio del contexto de aburrimiento. Por ejemplo, Susana recomienda decir, “veo que estás muy entretenido, mira todo el esfuerzo que has realizado o me gusta mucho lo que estás haciendo”. La palabra como medio de reforzamiento por parte del adulto hacia el niño, va generado que el menor se sienta capaz y quiera mantener esa conducta.
