- La obesidad, la diabetes y el sedentarismo están detrás del aumento de esta enfermedad, que suele desarrollarse sin síntomas y puede derivar en cirrosis, cáncer hepático y enfermedades cardiovasculares.
Cada segundo jueves de junio se conmemora el Día Mundial del Hígado Graso, una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad cada vez más frecuente y estrechamente vinculada al aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos.
Se estima que cerca de un tercio de la población podría presentar acumulación de grasa en el hígado, una condición que suele avanzar de manera silenciosa durante años.
“Lo preocupante es que se trata de una enfermedad que, en la mayoría de los casos, no presenta síntomas evidentes y puede desarrollarse durante mucho tiempo sin ser detectada”, explica el Dr. Javier Brahm, hepatólogo e integrante del Programa de Enfermedades Hepáticas de Clínica Universidad de los Andes.
Existen dos tipos principales de hígado graso: el asociado a alteraciones metabólicas, relacionado principalmente con el sobrepeso, la obesidad y la diabetes, y el vinculado al consumo excesivo de alcohol. Sin embargo, muchas personas presentan factores de ambos tipos.
Actualmente, el hígado graso se encuentra entre las enfermedades hepáticas más frecuentes en Chile. Entre sus principales factores de riesgo destacan:
- Sobrepeso u obesidad.
- Diabetes tipo 2 y resistencia a la insulina.
- Colesterol y triglicéridos elevados.
- Sedentarismo.
- Consumo excesivo de alcohol.
- Algunos medicamentos y enfermedades metabólicas hereditarias.
Aunque muchas personas conviven con esta condición sin presentar síntomas, su progresión puede tener consecuencias graves para la salud. La acumulación persistente de grasa puede provocar inflamación y fibrosis hepática, aumentando el riesgo de desarrollar cirrosis, insuficiencia hepática e incluso cáncer de hígado. En casos avanzados, puede ser necesario un trasplante. Además, quienes presentan hígado graso tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, como infarto al corazón y accidentes cerebrovasculares.
“Gran parte de los casos pueden prevenirse e incluso revertirse mediante cambios en el estilo de vida. El hígado tiene una extraordinaria capacidad de regeneración, pero para aprovecharla es fundamental detectar el problema de manera precoz”, señala el especialista.
Cómo prevenir el hígado graso
Entre las principales medidas para reducir el riesgo de desarrollar esta enfermedad se encuentran:
- Mantener una alimentación equilibrada, privilegiando frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y proteínas saludables.
- Reducir el consumo de bebidas azucaradas, alimentos ultraprocesados y grasas saturadas.
- Realizar actividad física de manera regular, idealmente al menos 150 minutos por semana.
- Mantener un peso saludable y controlar adecuadamente enfermedades como la diabetes, la hipertensión y el colesterol elevado.
- Evitar el consumo excesivo de alcohol.
- Realizar controles médicos periódicos, especialmente en personas con factores de riesgo metabólicos.
“La detección precoz sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar complicaciones. Un chequeo oportuno y la adopción de hábitos saludables pueden marcar la diferencia entre una condición reversible y una enfermedad hepática avanzada”, concluye el Dr. Brahm.
