Según cifras preliminares del DEIS del Ministerio de Salud, 192 personas fallecieron por esta enfermedad en 2025. En el marco del Día Mundial del Cáncer de Tiroides, que se conmemora cada 24 de septiembre, especialistas llaman a prestar atención a la aparición de nódulos y cambios persistentes en el cuello.
Comparada por su forma con un escudo, una mariposa o la letra H, la glándula tiroides se encuentra en la parte anterior del cuello y produce hormonas que regulan el metabolismo y diversas funciones del organismo, entre ellas, la temperatura corporal, el ritmo cardíaco, la presión arterial y la motilidad intestinal. Asimismo, influye directamente en la agilidad mental, los niveles de sueño, la concentración y la estabilidad emocional.
El cáncer de tiroides se origina cuando las células de esta glándula comienzan a crecer de manera descontrolada. “Esta enfermedad es uno de los cánceres endocrinológicos más prevalentes en el mundo y su incidencia ha aumentado de manera progresiva en los últimos 30 a 40 años. Afortunadamente, con un diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado, tiene un muy buen pronóstico y excelentes expectativas de sobrevida a largo plazo”, explica el Dr. Felipe Contreras, cirujano oncólogo de Cabeza y Cuello del Instituto Oncológico FALP.
Las mujeres, el grupo más afectado por el cáncer tiroideo
El cáncer de tiroides es de 2 a 3 veces más frecuente en mujeres que en hombres. Si bien las causas de esta diferencia no están completamente esclarecidas, la investigación médica ha estudiado el posible papel de las hormonas sexuales, en particular de los estrógenos, en procesos relacionados con el crecimiento y la proliferación de las células tiroideas, lo que podría favorecer la aparición o progresión de algunos tumores en esta glándula en el sexo femenino.
Además de ser mujer, los principales factores de riesgo para desarrollar este cáncer son:
- Exposición a radiación ionizante, especialmente durante la infancia, ya sea por radioterapia en la zona de cabeza y cuello o por exposición ambiental a radiación.
- Antecedentes familiares de cáncer de tiroides, particularmente en algunos tipos hereditarios.
- Síndromes genéticos hereditarios, como la neoplasia endocrina múltiple tipo 2 (MEN2), asociado al cáncer medular de tiroides.
- Antecedentes de algunas enfermedades tiroideas, como la tiroiditis de Hashimoto, aunque la gran mayoría de las personas que presenta esta condición no desarrollará cáncer de tiroides.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento
En sus etapas iniciales, el cáncer de tiroides habitualmente no presente síntomas A medida que el tumor crece, pueden aparecer señales como un bulto o nódulo en el cuello, dificultad o dolor al tragar, ronquera o cambios persistentes en la voz, dificultad para respirar o inflamación de los ganglios linfáticos del cuello.
Si bien la mayoría de los nódulos tiroideos son benignos, requieren evaluación médica para determinar si es necesario realizar estudios adicionales. “Esto se hace a través de la palpación en el examen clínico. Si existe sospecha, se indica una ecotomografía cervical para identificarlo y caracterizarlo. Cuando es necesario, se realiza una punción aspirativa con aguja fina (PAAF), procedimiento que permite obtener células del nódulo para analizarlas. Sin embargo, no todos los nódulos tiroideos requieren cirugía: algunos pueden ser controlados mediante ecografías y otros simplemente observados. Si se confirma un cáncer de tiroides, la gran mayoría de los pacientes va a requerir cirugía total o parcial, dependiendo de las características del tumor”, indica el Dr. Contreras.
El especialista destaca la importancia de consultar ante la aparición de un nódulo o cambios evidentes en el cuello. “Lo fundamental es buscar atención médica especializada para evaluar cualquier nódulo tiroideo y determinar si requiere estudio. La detección oportuna permite establecer el tratamiento adecuado y, en los casos de cáncer de tiroides, contribuye a obtener mejores resultados”, enfatiza.
RECUADRO
Tipos de cáncer de tiroides
Existen distintos tipos de cáncer de tiroides. El carcinoma papilar es el más frecuente y representa cerca del 90% de los casos; suele crecer lentamente y puede comprometer los ganglios linfáticos del cuello. Le sigue el carcinoma folicular, que a menudo se presenta como un nódulo tiroideo. Por último, el carcinoma anaplásico representa aproximadamente entre el 1% y el 2% de los casos. Aunque es poco frecuente, se caracteriza por un crecimiento extremadamente rápido, alta capacidad invasiva local y un pronóstico desfavorable.
